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El rescate del espeleólogo jerezano fallecido "roza la negligencia"
El Giex exige un convenio entre el 112 y el Plan Andaluz de Espeleosocorro para evitar imprevistos como los del rescate de Eduardo Freyre

josé luis roca

rescate. Un momento de la intervención de socorro que la Guardia Civil prestó al desafortunado espeleólogo, Eduardo Freyre, en Las Motillas
Un pulso más mental que físico

SÁNCHEZ MÚGICA

J
erez. No han pasado ni dos semanas desde el trágico accidente en el sumidero de Ramblazo (complejo de Las Motillas en Cortes de la Frontera), que costó la vida al espeleólogo jerezano de 34 años Eduardo Freyre. En este corto espacio de tiempo, la Federación Andaluza de Espeleólogos (FAE) sigue manteniendo la "duda razonable" de que una atención médica dentro de la cueva pudo haber cambiado el rumbo de los acontecimientos acaecidos el pasado domingo 22 de mayo.

Esto hubiera sido posible si existiera un convenio de colaboración en donde el Plan de Espeleosocorro Andaluz –con profesionales coordinados y especialistas en este tipo de rescates en cavidades– estuviera integrado en los sistemas de alerta del servicio de emergencias sanitarias 112.

En este sentido, el Grupo de Investigaciones Espeleológicas de Jerez (Giex) –al que pertenecía el joven espeleólogo fallecido– exige que las Administraciones "cuenten con nuestros técnicos ante rescates de este tipo, porque están entre los mejor preparados del país".

Desde el Giex reconocen que, según la certificación médica, el golpe craneal de Eduardo Freyre fue mortal. Aunque, desde la FAE recalcan que "alguien que hubiera conocido a la perfección la cueva y la posición exacta del sitio –las emergencias llegaron al lugar cerca de dos horas más tarde– podría haber agilizado las labores de rescate, el traslado se podría haber hecho con luz diurna, y por tanto en helicóptero, el cual no estaba equipado para vuelo nocturno.

A cambio de eso, quedará la duda eterna de por qué se invirtieron tantas horas en intervenir en una cavidad instalada para rescates –se realizan en ella entrenamientos por parte de los socorristas del Espeleosocorro Andaluz– con un desnivel de 80 metros.

Precisamente, a consecuencia de lo anterior, el posterior traslado al Hospital de La Línea tuvo que realizarse en ambulancia a través de un carril de 10 kilómetros, y luego por un gran tramo de carretera local de montaña.

"El Espeleosocorro no fue avisado por el 112, y eso ha creado una gran indignación, porque hubo un tiempo en que sí era operativo, pero nos lo quitaron de en medio. No sé si por ahorrarse subvenciones", relata el veterano espeleólogo del Giex y arqueólogo municipal, Antonio Santiago.

El dispositivo de Espeleosocorro Andaluz cuenta con una planificación milimétrica y con un número importante de socorristas especializados que se ubican en diferentes puntos estratégicos de las provincias de Cádiz, Sevilla y Málaga.

No en vano, disponen de médicos espeleólogos con, entre otros muchos avances, tecnologías de comunicación entre los interiores de las cuevas y el exterior, "algo que también faltó en el rescate de Eduardo", matiza el secretario del Giex, Luis Toro.

De lo que no hay ninguna duda es de que el suceso en Las Motillas ha incrementado las, ya de por sí extremas, medidas de seguridad de estos colectivos, así como ha propiciado que salten las alarmas de todos los grupos espeleológicos, y en especial del Giex, ante esta situación "que roza la negligencia", subraya Santiago.

Evidentemente, si la firma del convenio de colaboración con las emergencias sanitarias andaluzas es, desde hace varios años, la gran batalla que libra la FAE y se torna imprescindible para poder seguir desarrollando estas prácticas, tras el desgraciado accidente, "vamos a exigir con más fuerza que se nos escuche", sentencia de forma tajante.

"Aquí no se trata de ser héroes, sino de salvar a compañeros". En este sentido, el Plan de Espeleosocorro es "preventivo y va por delante de lo que pueda ocurrir", expone Toro, y añade que "lo forman espeleólogos de una madera especial, lo hacen por amor al arte, pero estudiando las posibilidades de rescate con detenimiento".

Un pulso más mental que físico
 

"Para ser espeleólogo no hace falta una preparación física exagerada, aunque sí mental", explica el secretario del Giex, Luis Toro. "Lo quieras o no, estás en un medio hostil, y tienes que estar muy preparado mentalmente para no sufrir pánico, claustrofobia o vértigo", advierte.

"Hasta que no coges confianza a las técnicas y los materiales, no te lanzas, porque ver el vacío que tienes abajo encoge un poquito". Sin embargo, tal y como asegura Toro, "también sabes que puedes confiar en quienes te está diciendo que puedes descolgarte, porque son gente con mucha experiencia". A lo que añade el veterano espeleólogo, Antonio Santiago, "más que el miedo, lo que nunca hay que perder es el respeto a lo desconocido".

Esta práctica deportiva va más allá de un mero divertimento en el tiempo de ocio. Y es que cuando un espeleólogo descubre un poso o una nueva galería "siente una especial emoción porque descubre lo que no ha visto nadie antes", afirma Santiago.

En este sentido, el también arqueólogo, asegura que el complejo kárstico de Las Motillas "es la cueva escuela del Giex". Un lugar que empezaron a explorar en 1974, cuando sólo se habían descubierto "unos 300 metros", y del que ahora se conocen unos siete kilómetros de galerías.

"Lo único que ha pasado por estas galerías es el agua y los murciélagos. La huella del hombre no estaba puesta, hasta ahora, ahí", apunta Santiago, y añade que "en ese sentido, son hallazgos que hacen que nuestra labor se fusione con la ciencia". Pasando a ser, de este modo, la espeleología un complemento imprescindible para los estudios científicos de geología, biología o arqueología.

Lo anterior, matiza Toro, "no significa que todos los espeleólogos tengan que tener orientación científica". De hecho, son numerosos los jóvenes que se asocian a ests grupos de investigación, simplemente, por experimentar la emoción de practicar este deporte. Pero "con la edad, –expone Santiago– esta etapa se supera, y se tiende a la dedicación científica".

El Giex lo componen en la actualidad unos 40 espeleólogos, y estas prácticas se promueven en Jerez desde 1953. Una larga tradición en la que se han producido hallazgos espectaculares como una galería en la sima de Cacao en Villaluenga (con una sala a 800 metros de profundidad), yacimientos arqueológicos (con pinturas rupestres) o descubrimientos de fauna cavernícola, entre otros muchos hallazgos.

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Se reproduce aquí literalmente por el gran interés para el colectivo espeleológico.

 

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